domingo, 19 de mayo de 2024

La fábula equina de la relación de España y la UE

En un verde prado, pastaba un potro andaluz de pelaje negro azabache, fuerte y veloz como el viento. Sus patas, ágiles y musculosas, lo impulsaban por la llanura con la gracia de un bailarín. Un día, llegó al prado un corcel alemán, alto y robusto, con una crin dorada que brillaba al sol.


El corcel alemán, con voz imponente, le dijo al potro: "Si quieres participar en la Gran Carrera Europea, debes ponerte estos pesados herrajes. Es una condición para competir." El potro andaluz, ilusionado por la oportunidad de participar en tan grandioso evento, aceptó a regañadientes.


Durante años, el potro andaluz entrenó con los herrajes, cargando con un peso que nunca antes había conocido. Sus patas, antes ágiles y ligeras, se volvieron pesadas y torpes. Sin embargo, su espíritu no se doblegó. Con tenacidad y esfuerzo, el potro andaluz logró alcanzar un nivel formidable.


Llegó el día de la carrera. El corcel alemán, sin herrajes que lo lastraran, avanzó con velocidad y resistencia sobresalientes, tomando la delantera. Pero el potro andaluz, impulsado por su tenacidad y pasión, no se quedó atrás. Al final, el corcel alemán cruzó la meta en primer lugar, ganando la carrera. El potro andaluz, con un esfuerzo impresionante, llegó al podio, asegurando una posición honorable.


La multitud vitoreaba a ambos caballos, celebrando sus logros. El corcel alemán, con una sonrisa irónica, se acercó al potro andaluz y le dijo: "Ha llegado el momento de que te quites esos herrajes. Ya no los necesitas. Eran solo una condición para participar." El potro andaluz, con una mezcla de alivio y tristeza, se quitó los herrajes. Sus patas, antes fuertes y musculosas, ahora estaban débiles y atrofiadas por el peso que habían soportado durante tanto tiempo. Se sentía libre, sí, pero también vulnerable y sin la fuerza de antaño.


Tras la carrera, el potro andaluz se dio cuenta de que no podía valerse por sí mismo como antes. Necesitaba ayuda para recuperarse y adaptarse a su nueva situación. El corcel alemán y otros caballos europeos le ofrecieron asistencia: suplementos, entrenamiento especial y cuidados adicionales. Estas ayudas, aunque bienvenidas, eran solo parches que mitigaban, pero no solucionaban, la pérdida de su antigua fuerza y autonomía.


El potro andaluz se volvió dependiente de esta ayuda externa. Ya no podía competir ni trabajar con la misma independencia que tenía antes. Esta dependencia le recordó cómo, al desindustrializar su propio país para entrar en la unión, había sacrificado parte de su identidad y autosuficiencia por unirse a una comunidad mayor.


La fábula nos enseña que las condiciones impuestas para la igualdad a veces pueden tener un precio alto. El potro andaluz, en su afán por competir en la carrera, sacrificó su propia naturaleza y perdió parte de su esencia, volviéndose dependiente de una ayuda que, aunque necesaria, no podía reemplazar lo que había perdido. La verdadera ayuda no consiste en imponer condiciones, sino en apoyar el desarrollo de cada uno respetando sus propias fortalezas y debilidades.



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