En los últimos días, hemos sido testigos de una dinámica que refleja las contradicciones inherentes al discurso de los llamados “liberales”, un término que, en realidad, parece carecer de sustancia propia. Los autodenominados defensores de las libertades individuales y del libre mercado adoptan posturas que, lejos de ser coherentes, responden a intereses específicos que terminan beneficiando narrativas más amplias, como la del sionismo.
La doble vara del humor y la cultura de la cancelación
Un ejemplo reciente es la polémica en torno a Jagger, quien ha sido señalado por un humor mezquino publicado en Twitter hace años. Ahora que Jagger trabajará para RTVE, los mismos liberales que antes criticaban la cultura de la cancelación parecen haberse convertido en sus más fervientes defensores, exigiendo la censura del humorista. Curiosamente, en otros contextos, como cuando Alfonso Guerra defendió en El Hormiguero el regreso del humor políticamente incorrecto, especialmente aquel que se burla de enanos u homosexuales, estas críticas no existían. La incorrección política, al parecer, es válida solo cuando sirve a sus propios intereses.
Muchos que han intentado boicotear el fichaje de Jagger por RTVE son los mismos que insultan a las víctimas que exigen la dimisión de Carlos Mazón, quienes perpetúan el guerracivilismo mientras pretenden desviar el foco hacia el "progresismo". Son igual de traidores que aquellos a quienes critican y, en muchos casos, incluso más peligrosos.
Competencias, boicots y la incongruencia
Por si fuera poco, estos defensores de la libre competencia han llamado al boicot de la entidad bancaria ING por el simple hecho de retirar la publicad a los programas conducidos por Íker Jiménez, quien ha sido blanco de controversia por las personalidades que invita a sus programas y por una publicación en X hablando de muchos cuerpos en el parking de Paiporta. Este tipo de contradicciones desenmascara a un movimiento que, más que buscar la libertad, persigue la imposición de su propia agenda.
Entre Ana Pastor e Íker Jiménez: dos extremos que nos polarizan
La narrativa mediática actual parece empujarnos a elegir entre dos polos opuestos: Ana Pastor, representante del atlantismo más ortodoxo, con claras vinculaciones a la OTAN, e Íker Jiménez, quien en su trayectoria ha amplificado voces de la extrema derecha sionista, además de figuras polémicas como periodistas condenados o creadores de bulos. En su sensacionalista cobertura en Valencia, Jiménez demostró cómo este enfoque contribuye a una peligrosa desinformación, dando espacio a personas que perpetúan narrativas alarmistas o personales con poca base en la realidad.
Gaitán, por ejemplo, se ha convertido en una suerte de justiciero contra las instituciones, creyéndose con la autoridad de señalar ayuntamientos por cuestiones como multas de tráfico, aparcando en una zona verde de residentes. Por otro lado, Gisbert, colaborador de Íker, se enrocó con la información de los 700 muertos en una zona de Valencia, exacerbando la polarización que ambos bandos parecen necesitar para mantener su relevancia.
La ironía de los símbolos: Grecia contra Persia
Lo que resulta especialmente irónico es cómo ciertos grupos que hoy se presentan como defensores de la patria adoptan la iconografía de la resistencia griega en las Termópilas. Este símbolo de lucha cultural se ha convertido en una herramienta de aquellos que, en realidad, representan fuerzas que buscan dominar y homogeneizar las culturas mediterráneas, siguiendo una agenda alineada con el sionismo. En este sentido, actúan más como el Imperio aqueménida de la antigüedad, que trataba de subyugar la diversidad cultural bajo su control.
La salida de algunas cuentas "progres" de X ha sido señalada como una victoria por quienes aseguran defender la libertad de expresión. Sin embargo, esto nos deja en manos de los supuestos "liberales despiertos", quienes se postulan como defensores de la verdad mientras trabajan para intereses globalistas y destruyen las bases culturales mediterráneas.
Un alegato por la soberanía y la cultura
Que se vayan los progresistas de X si quieren, pero la lucha por una sociedad soberana y libre de estas dinámicas tóxicas debe continuar. Desde esta trinchera, Unión Fraternal Hispánica seguirá:
- Publicando ideas de reforma para una España soberana.
- Alertando contra el globalismo y los peligros del excesivo uso de la tecnología.
- Señalando a los liberales sionistas y sus amos asesinos de niños.
En última instancia, debemos resistir esta polarización que solo favorece a los intereses de unos pocos, reafirmándonos como defensores de la cultura mediterránea frente a las fuerzas que buscan destruirla. Grecia contra Persia, una vez más.
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