El lema "Solo el pueblo salva al pueblo" tiene un origen claro: pertenece al imaginario de la izquierda radical, utilizado históricamente por movimientos anarquistas y otras luchas sociales para destacar la autoorganización popular frente a sistemas opresores. Irónicamente, en la reciente tragedia provocada por la DANA en España, hemos visto cómo esta consigna ha sido despojada de su significado original y usada como un instrumento de oportunismo y manipulación.
De la resistencia al alineamiento imperialista
Resulta irónico y desconcertante que la izquierda europea que hace semanas coreó Bella Ciao contra la supuesta xenofobia de Viktor Orbán ahora esté alineada con formas de imperialismo que contradicen los valores que dice defender. Por ejemplo, el apoyo acrítico al sionismo –que en su manifestación actual representa una suerte de supremacismo israelí– pone en evidencia una contradicción flagrante. ¿Cómo puede alguien que denuncia la discriminación racial o étnica respaldar un sistema que perpetúa desigualdades estructurales contra el pueblo palestino?
Asimismo, el apoyo ilimitado a Volodímir Zelenski en Ucrania plantea serias preguntas. Este respaldo no se acompaña de un análisis crítico sobre el estado de la democracia en ese país ni sobre los intereses geopolíticos detrás del conflicto. Más preocupante aún es la falta de iniciativas reales para buscar la paz, lo que convierte esta postura en una forma de alineamiento con los bloques de poder en lugar de un esfuerzo por defender a los pueblos afectados.
De la solidaridad al show: redes sociales y bulos
Uno de los aspectos más graves del uso actual de este lema es cómo ciertos personajes han aprovechado la catástrofe en Valencia para su propio beneficio. Algunos se desplazaron a las zonas afectadas no para ayudar, sino para lucrarse generando contenido viral en redes sociales o difundiendo bulos sobre supuestos muertos, con el único objetivo de atacar al gobierno central.
Esta instrumentalización del sufrimiento es doblemente ofensiva porque se oculta detrás de una falsa solidaridad. Al final, quienes realmente lucharon por salvar vidas y enfrentar las consecuencias de la DANA fueron voluntarios, vecinos y organizaciones locales; en resumen, el verdadero pueblo. Pero este esfuerzo legítimo ha sido ensuciado por quienes buscan señalar a un único culpable, desviando la atención de las responsabilidades compartidas entre gobiernos locales, regionales y nacionales.
¿Indignación popular o manipulación política?
Un ejemplo claro se vivió en Paiporta, donde la indignación popular fue legítima. Los gritos contra Pedro Sánchez, el rey Felipe VI y Carlos Mazón reflejaron un descontento amplio y transversal. Sin embargo, la prensa del régimen del 78 –esa misma que dice defender la democracia pero calla ante sus fallos estructurales– centró el debate en las críticas al gobierno central y silenció las voces que cuestionaban tanto a la monarquía como al presidente autonómico Mazón.
Aquí se evidencia otra manipulación: proteger a ciertas figuras políticas y empresariales (como constructores responsables de urbanizaciones en zonas de riesgo) mientras se intenta redirigir la indignación exclusivamente hacia el gobierno central. Este patrón no es nuevo, pero sigue siendo indignante. En lugar de fomentar una reflexión sobre las múltiples implicaciones –que incluyen la corrupción urbanística, la inacción frente al cambio climático y la descoordinación institucional–, se utiliza la tragedia para intereses partidistas.
Conclusión: ¿De quién es el lema realmente?
Es una paradoja cruel que aquellos que dicen defender al "pueblo" sean los mismos que instrumentalizan su dolor y su lucha. El lema "Solo el pueblo salva al pueblo" ha sido vaciado de su sentido original para servir de bandera a intereses muy alejados de la solidaridad y la autoorganización. Quienes usan esta frase para señalar a unos pocos y esconder la culpa de otros, no están salvando a nadie; están perpetuando el sistema que dicen criticar.
La verdadera fuerza del pueblo no radica en lemas vacíos ni en la manipulación política, sino en la acción conjunta, el cuestionamiento crítico y la capacidad de no dejarse arrastrar por quienes buscan beneficiarse del sufrimiento colectivo. Quizás sea momento de devolver esta consigna a quienes realmente la entienden y la practican, y exigir un análisis más honesto de las tragedias que nos afectan como sociedad.
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